Saturday, April 12, 2008
Tuesday, April 8, 2008
Escalas
Buen fin de semana, que te diviertas o que descanses, dijo J, amablemente como introducción al porvenir cambiante.
Muchas gracias repetí, coloqué los auriculares en posición, y emprendí el regreso a casa sin mayores problemas, con el atardecer rojo como marco de la escena.
Nunca hubiera imaginado que las cosas se darían como se dieron, no suelo aventurar mucho tampoco, también hay que decirlo, cuando se trata de definir todas esas cosas que no haré durante estos dos días de oasis. Descansar y divertirse, son buenos planes, muy generales y a la vez compatibles en su complejidad, aunque difíciles de conjugar, según cómo se lo mire. Cuál debía elegir?
Pero vamos por partes, que no hay p r i s a s. Llegué a casa, me saqué el polvo de encima, encasqueté mis pies con un par de alpargatas y a tocar el bajo se ha dicho. El cansancio de una semana dura, de esas en que la vida te da mil bofetadas, en las que aprendés más que en muchos días aciagos y torpes, te deja con un sabor de boca agridulce.Aprender es algo bueno por definición, al menos desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que es posible mirarlo como un punto de inflexión de la ignorancia, pero a veces, según cómo nos pille puede ser una experiencia dura donde la cantidad de variables a tener en cuenta pueden partirte la cabeza y el corazón de dolor, frente a las consecuencias posibles.
Porqué estamos acá, para qué, quién es juez y quién parte, eran los interrogantes pequeños del ramo, entre tantos interrogantes aún mayores, sobre todo en aquellas horas donde no podía desprenderme del traje que me calzo todos los días para salir a boxear con la realidad.
No es que me agrade mucho boxear, se los debo aclarar antes de continuar, pero si puños son los que silban a la altura de las mejillas, es lo que debés enfrentar, y acepto el reto; si no debería plantearme hornear pan más alejado de aquello que no me es posible contemplar.
Entonces, cuando las cosas se dan así, y decidís desde ese traje tomar decisiones, es posible decir que aprender es ruptura también (o puede serlo). Si antes creíamos que algo era de una manera, y los acontecimientos dicen que hoy es de otra, evidentemente algo se ha roto. Afuera o en nuestro interior algo ya no volverá a ser lo que fue.
Que el hombre es el lobo del hombre, pasa a ser algo cierto aunque un poco menos voraz de lo que aparenta tan rotundo designio. Cito a Hobbes, con su harta trillada y Leviatánica frase, porque estuvo presente en mis pensamientos a lo largo de los días previos y no puedo dejar de confesarlo. Hobbes, Maquiavelo, Lenin o Nozick con su idea de justicia. Un poco complicado lo mío… Sí, ya lo sé, pero una experiencia extrema es lo que tiene.
En Resumen, un agobio que te cagas, y la imposibilidad de relajarme o divertirme con tanto rollo suelto orbitando por mis sienes.
Después de darle vueltas por una hora más, la cabeza dijo basta y los ojos la siguieron gustosos camino a la caverna de mi cama. Lugar en el que suelo pelear en los bajo fondos de mi ser, según cuenta M, único testigo del caso.
Los pajaritos cantan, las viejas se levantan, pero los chaparrones siguen sin venir a visitar estas latitudes Catalanas que tanto los necesitan.
La calle está espléndida, los ánimos siguen caminando por ahí abajo, los pensamientos de horas anteriores siguen ahí, enclaustrados en lo peor de la humanidad, en la separación, en las decisiones del final, esas que tanto me cuestan, esas a las que a veces me encuentro tan dispuesto y convencido. Vaya, que el boxeo continúa, pero a esta altura con las muchas personalidades o puntos de vista que conviven en mí. Descanso, diversión?, para sintetizarlo en una palabra, el pozo de esta definición dicotómica, el sábado al mediodía, seguía bacante.
El hecho es que hubo algo que me sacó definitivamente de tantos espasmos agotadores. Fue la tarde, o el sábado, quién sabe porqué carajo, pero así sucedió.
Un momento, un sentido, una sensación de regreso, una manera de decir aquí estoy, la forma de expresar quién se es, una elección. Fueron muchas cosas, no acertaría a decir cuál mayoritariamente, pero les aseguro que me posicioné fuera del estado de naturaleza y sus roles.
Ya notarán ustedes que el blog está un poquito abandonado, como que le faltan cosas, más propuestas, más actualizaciones. A veces es el trabajo el culpable, otras es la carencia de ideas motivantes, la más de las veces la vagancia.
Pero desde el momento en que vi este corto algo cambió. Martín Deus, solo un nombre, La Escala Benzer, no solo un título. Más que título, una historia, un fragmento de la vida de unas personas que transporta a una ilusión donde la coyuntura es lo que no importa. Los hilos que bordan esta historia sí que me calaron hondo.
Al leer la biografía de este novel director de cine, no puedo hacer otra cosa que sacarme el sombrero.
Me emocionó mucho la historia, creo que me puso de vuelta en la sintonía de un mundo que tiene cosas como estas. Y cuando terminé de verla lo que venía siendo dejó de ser, se transformó, a tal punto que les puedo asegurar que volví aprender en base a las cosas que pasan en la vida, y que van sobre el amor en cualquiera de sus formas. Esas que te dejan con cara de tonto por un rato, esas que a veces nos permitimos tan poco disfrutar, esas que llegan en el momento menos esperado, mostrándote de la vida ese lado luminoso fuera de lo irremediablemente cotidiano, y así volví a ser yo. Y seguirá siendo así, ambivalente, polar y cambiante, hasta que llegue el día en que lo más frágil se disuelva y seamos, nosotros y nuestra historia con sus leyendas, lo que ayuden a otros a seguir aprendiendo a partir de lo que en sus días fue.
Muchas gracias repetí, coloqué los auriculares en posición, y emprendí el regreso a casa sin mayores problemas, con el atardecer rojo como marco de la escena.
Nunca hubiera imaginado que las cosas se darían como se dieron, no suelo aventurar mucho tampoco, también hay que decirlo, cuando se trata de definir todas esas cosas que no haré durante estos dos días de oasis. Descansar y divertirse, son buenos planes, muy generales y a la vez compatibles en su complejidad, aunque difíciles de conjugar, según cómo se lo mire. Cuál debía elegir?
Pero vamos por partes, que no hay p r i s a s. Llegué a casa, me saqué el polvo de encima, encasqueté mis pies con un par de alpargatas y a tocar el bajo se ha dicho. El cansancio de una semana dura, de esas en que la vida te da mil bofetadas, en las que aprendés más que en muchos días aciagos y torpes, te deja con un sabor de boca agridulce.Aprender es algo bueno por definición, al menos desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que es posible mirarlo como un punto de inflexión de la ignorancia, pero a veces, según cómo nos pille puede ser una experiencia dura donde la cantidad de variables a tener en cuenta pueden partirte la cabeza y el corazón de dolor, frente a las consecuencias posibles.
Porqué estamos acá, para qué, quién es juez y quién parte, eran los interrogantes pequeños del ramo, entre tantos interrogantes aún mayores, sobre todo en aquellas horas donde no podía desprenderme del traje que me calzo todos los días para salir a boxear con la realidad.
No es que me agrade mucho boxear, se los debo aclarar antes de continuar, pero si puños son los que silban a la altura de las mejillas, es lo que debés enfrentar, y acepto el reto; si no debería plantearme hornear pan más alejado de aquello que no me es posible contemplar.
Entonces, cuando las cosas se dan así, y decidís desde ese traje tomar decisiones, es posible decir que aprender es ruptura también (o puede serlo). Si antes creíamos que algo era de una manera, y los acontecimientos dicen que hoy es de otra, evidentemente algo se ha roto. Afuera o en nuestro interior algo ya no volverá a ser lo que fue.
Que el hombre es el lobo del hombre, pasa a ser algo cierto aunque un poco menos voraz de lo que aparenta tan rotundo designio. Cito a Hobbes, con su harta trillada y Leviatánica frase, porque estuvo presente en mis pensamientos a lo largo de los días previos y no puedo dejar de confesarlo. Hobbes, Maquiavelo, Lenin o Nozick con su idea de justicia. Un poco complicado lo mío… Sí, ya lo sé, pero una experiencia extrema es lo que tiene.
En Resumen, un agobio que te cagas, y la imposibilidad de relajarme o divertirme con tanto rollo suelto orbitando por mis sienes.
Después de darle vueltas por una hora más, la cabeza dijo basta y los ojos la siguieron gustosos camino a la caverna de mi cama. Lugar en el que suelo pelear en los bajo fondos de mi ser, según cuenta M, único testigo del caso.
Los pajaritos cantan, las viejas se levantan, pero los chaparrones siguen sin venir a visitar estas latitudes Catalanas que tanto los necesitan.
La calle está espléndida, los ánimos siguen caminando por ahí abajo, los pensamientos de horas anteriores siguen ahí, enclaustrados en lo peor de la humanidad, en la separación, en las decisiones del final, esas que tanto me cuestan, esas a las que a veces me encuentro tan dispuesto y convencido. Vaya, que el boxeo continúa, pero a esta altura con las muchas personalidades o puntos de vista que conviven en mí. Descanso, diversión?, para sintetizarlo en una palabra, el pozo de esta definición dicotómica, el sábado al mediodía, seguía bacante.
El hecho es que hubo algo que me sacó definitivamente de tantos espasmos agotadores. Fue la tarde, o el sábado, quién sabe porqué carajo, pero así sucedió.
Un momento, un sentido, una sensación de regreso, una manera de decir aquí estoy, la forma de expresar quién se es, una elección. Fueron muchas cosas, no acertaría a decir cuál mayoritariamente, pero les aseguro que me posicioné fuera del estado de naturaleza y sus roles.
Ya notarán ustedes que el blog está un poquito abandonado, como que le faltan cosas, más propuestas, más actualizaciones. A veces es el trabajo el culpable, otras es la carencia de ideas motivantes, la más de las veces la vagancia.
Pero desde el momento en que vi este corto algo cambió. Martín Deus, solo un nombre, La Escala Benzer, no solo un título. Más que título, una historia, un fragmento de la vida de unas personas que transporta a una ilusión donde la coyuntura es lo que no importa. Los hilos que bordan esta historia sí que me calaron hondo.
Al leer la biografía de este novel director de cine, no puedo hacer otra cosa que sacarme el sombrero.
Me emocionó mucho la historia, creo que me puso de vuelta en la sintonía de un mundo que tiene cosas como estas. Y cuando terminé de verla lo que venía siendo dejó de ser, se transformó, a tal punto que les puedo asegurar que volví aprender en base a las cosas que pasan en la vida, y que van sobre el amor en cualquiera de sus formas. Esas que te dejan con cara de tonto por un rato, esas que a veces nos permitimos tan poco disfrutar, esas que llegan en el momento menos esperado, mostrándote de la vida ese lado luminoso fuera de lo irremediablemente cotidiano, y así volví a ser yo. Y seguirá siendo así, ambivalente, polar y cambiante, hasta que llegue el día en que lo más frágil se disuelva y seamos, nosotros y nuestra historia con sus leyendas, lo que ayuden a otros a seguir aprendiendo a partir de lo que en sus días fue.
Tuesday, April 1, 2008
Refugio y consuelo
En un pliegue de tu cuello,
con sabor a canela y musgo,
me quedo a vivir.
Mi refugio, la lumbre del hogar
a donde regresar siempre.
A donde huir siempre.
Y si soplan vientos de hiel,
Y nos toca masticar rocas,
Treparé por tu pecho
hasta mi rincón, mi guarida,
mi remanso de paz, mi vida, mis pilas,
mi espuma de sal, mi faro de guía.
A donde regresar siempre.
A donde huir siempre.