Solíamos acabar el día cuando hacía varias horas la noche había caído. Noctámbulos nos manteníamos frente a frente observando nuestra aura y comprobando su brillo en la oscuridad. El mundo se sigue debatiendo entre el final de la especie y la supervivencia.
Plomizo cielo cae en la ciudad, el tren pasa y los dos perdemos la perspectiva. Notamos que en lo más profundo del estruendo están nuestros cuerpos abrazados y, a pesar de perder la perspectiva anterior, tu cielo se sigue besando con mi tierra, al tiempo que mis pastos argumentan lo imperioso de tus lágrimas vivas y cambiantes… todo esto, para no decir, directa y simplemente, que te amo con locura y que me haces mucha falta.
40 años han pasado desde esto, volver al 67, es como regresar a otro planeta, otra cabeza, yo no existía en ese momento, pero las sensaciones que te transmiten los que sí, eran de mucha esperanza de cambio. Ellos también cambiaron, la india, las drogas y un talento más que enorme, dieron luz a esta obra cumbre.
Recuerdo todavía cuando lo oímos por primera vez, cuando tuve entre manos ese disco, cuando jugamos a reconocer los personajes de su tapa, aquellas noches en el terrado en que nos resultó imposible salir de allí durante días. Casi tan imposible como abstraerte de la atracción que causa “A day in a life”, con ese torbellino de sonidos alucinante. Este disco me parece central, fue el primero en incluir una serie de objetos relacionados con Sgt. Pepper, sin contar que en todo momento su arte de tapa desafía la curiosidad del oyente.
Una vez más, Lennon/McCartney, muchas gracias, como hablaba con Mire hace unos días, qué conexión tan equilibrada la vuestra, qué creatividad más magnífica, la imaginación parecía el destino generacional de aquellos días, han pasado 40 años, tantos y tan pocos a la vez… ¿dónde ha quedado toda aquella ilusión? ¿qué hace que nosotros no podamos vivirlo así?…
Brindo por aquellos días de puños levantados y lucidez por los poros, mientras regreso a escuchar tan hermosas músicas y me transporto por esos mundos… esperando que en algún momento se suelten a soplar los vientos del cambio en sintonía con la exigencia de lo que parece imposible, no se como se hace, pero con una ayudita de mis amigos seguro lo conseguiremos…
Tilcara es parte del pasado inmediato de civilizaciones que desarrollaron su vida en Latinoamérica, mucho antes de las conquistas y genocidios. Hoy es un paraje donde el legado Omaguaca yace incolumne como muestra de agradecimiento de la Pachamama, fuente constante de vida , que sigue regalando su color y sus frutos a los muchos hombres que todavía la siguen venerando; cuidándola y agradeciendo por lo que brinda. Qué buena idea para compartir, lo digo más que nada por llegar a un estado de conciencia tal en que el milagro de la vida esté presente en nuestras ideas y no nos pase tan desapercibido todo.