Friday, April 27, 2007

Genialidad

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos.
Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.
Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores.
A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Julio Cortazar - Final de Juego - Alfaguara.

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Friday, April 20, 2007

El orgullo de la persistencia de la Memoria.

Foto: Fachada de la Iglésia Catedral de Buenos Aires - La complicidad y la colaboración para apuntar qué personas debían ser asesinadas, los convierte en coautores de la locura más grande de la historia Argentina - Tomo el estandarte del anarquismo y repito, “La única Iglesia que ilumina es la que arde” ::2007::

Foto: Fachada de la Iglesia Catedral de Buenos Aires ::2007::

Foto: Plaza de Mayo, Buenos Aires - La fuerza del paso de las Madres, Abuelas, H.I.J.O.S. y el pueblo comprometido con la causa de los Derechos Humanos, un ejemplo de entereza, amor y valentía en tiempos de tanta tempestad. ::2007::

Foto: Av. de Mayo, Buenos Aires - Filete popular por la memoria, la renovación del Nunca Más y la reaparición con vida de Julio López, testigo clave en el juicio de Etchecolatz, genocida de primera línea del Tercer Cuerpo de Ejército. Julio López lleva 8 meses sin aparecer, lo que hace presumir que es la víctima 30001 de la dictadura, a pesar que ésta haya terminado hace 31 años. Memoria y Resistencia. ::2007::
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Wednesday, April 18, 2007

La Mar

Mar calmo, mar extraño…
cuanto añoro tus momentos,
tu paciencia a secas.

- o -

Entre tus mareas me zambullo,
entre tus dedos me arropas,
me acunas como a un niño,
y vences el sortilegio de mi muerte.

- o -

Mar calmo, mar de vida…
hincha mis pulmones con tu sal,
llévame a lo más profundo…
quiero verme palidecer en el fondo,
hasta tomar forma de sirena,
quiere verte, más nunca odiarte,
nunca llenar de basura tus orillas,
nunca matar a lo que tu alimentas.

- o -

Mar calmo, mil amores…
tu amiga la brisa hoy golpea
mis mejillas, mis cabellos…
porqué será que hoy me traes a la mente
tanto sabor a libertad?
Foto: Roma ::2007::
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