Wednesday, August 2, 2006

4 de Febrero

La madrugada del sábado, 4 de febrero, un grupo de jóvenes salió de casa de unos amigos después de pasar una noche de celebración. Pasaban por la calle Sant Pere Mès Baix, algunos al metro, y otros a una fiesta que se celebraba en el número 55 de la misma calle, el teatro okupado. Al llegar al lugar se encontraron con un grupo que discutía con unos guardias urbanos. Al acercarse, la policía empezó a cargar sin que ellos conocieran el motivo, y no consiguieron salir del lugar por los golpes que recibían. Desde los balcones del teatro llovían todo tipo de objetos. Cuando se disipó la situación, siete personas estaban detenidas y un policía inconsciente. Dos jóvenes más fueron detenidos en el Hospital del Mar, al cual acudieron después de tener un accidente en bicicleta y no tenían ninguna relación con los hechos; simplemente por su supuesta “estética okupa” y presentar contusiones. Todos ellos fueron torturados por dos fuerzas policiales: la Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra. Ellos continuaron siendo golpeados y torturados tanto en el momento de su detención como durante su estancia en comisarías, hospital y traslados. Presentaban múltiples contusiones en todo el cuerpo, golpes en la cabeza, ojos morados y, dos de ellos, brazos rotos.

La primera versión del Ayuntamiento fue que una maceta, lanzada desde el balcón del teatro, golpeó al agente. Las versiones oficiales fueron cambiando, hasta decir que los detenidos habían arrojado piedras con la intención de matarlo.

No se acordonó la zona y BCNeta limpió antes de que llegara la policía científica. Las únicas pruebas, las piedras, se recogieron fuera del lugar de los hechos “de forma aleatoria”, tal y como declaró el agente encargado; en ellas no hay huellas ni restos de tejido o sangre. Además, los especialistas opinan que la herida del policía es demasiado grave como para haber sido provocada por una piedra lanzada desde la calle.

¿Cómo se mantiene en prisión a tres jóvenes con tal carencia de pruebas? La policía miente con descaro en sus declaraciones para encubrir la responsabilidad del Ayuntamiento (que se presenta como acusación particular), ya que el teatro “Anarko Penya” es de su propiedad y el objeto que hirió al agente de su cuerpo de policía salió de allí.

Otro factor es la “Anarko Penya”, que funcionaba más como un negocio mafioso que como una okupa comprometida. Dos o tres personas controlaban el edificio y lo usaban para montar fiestas comerciales en beneficio propio. Tampoco tenían contacto con otros okupas políticos del barrio. A pesar de, o precisamente por las prácticas mafiosas que se realizaban en él, éste gozaba de total permisividad por parte del Ayuntamiento, al que no le importaba que los vecinos estuvieran quemados por los jaleos continuos y así luego poder criminalizar a todo el movimiento okupa, al que el teatro ni siquiera pertenecía.

Poco antes del 4 de febrero, el Ayuntamiento reforzó su arsenal legal con un nuevo paquete de leyes por un supuesto civismo cuyo objetivo principal es eliminar la “molestia” de patinadores, prostitutas, okupas, grafiteros, etc. Estas leyes dan impunidad a la policía para que actúe contra las personas basándose en la mera sospecha y los prejuicios.

El Ayuntamiento ha sacado ventaja del sufrimiento de cuatro familias (las de los detenidos y la del agente policial) para poder avanzar en su agenda política. El presidente del Partido Popular de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, junto al alcalde Joan Clos, se proponen desalojar Barcelona de la “amenaza” de los okupas y de cualquier otro grupo que cuestione el orden establecido.

Lo que pasó en Sant Pere Més Baix es la carta blanca para el aumento de la represión.

Lo que pasó en Sant Pere Més Baix le podría haber pasado a cualquiera de nosotr@s.

ABSOLUCIÒN Y LIBERTAD A LOS DETENIDOS DE 4F !!!

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Patas arriba


¿Hasta cuándo?

Eduardo Galeano

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?

La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hezbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?

Iraq, Afganistán, Palestina, Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de los EE.UU.?

Desde que los palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?

La historia se repite, día tras día, año tras año, y un israelí muere por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá valiendo diez veces más la vida de cada israelí?

En proporción a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños, muertos en Iraq, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?

Irán está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?

En la era de la globalización, el derecho de presión puede más que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.

¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?

Esta matanza de ahora, que no es la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán sonando en campana de palo las voces de la indignación?

Estos bombardeos matan niños: más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los críticos de los crímenes del terrorismo de estado? ¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su nombre? ¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?

Los terroristas se parecen entre sí: los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Iraq y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos en serie?

Somos la única especie animal especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día, a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único mundo posible?

 

Posted by Capitan Piluso at 13:03:45 | Permalink | No Comments »